Espiritualidad para ser feliz

¿Cómo la espiritualidad te ayuda a ser feliz y transformar tu vida?

La espiritualidad es la llave de la felicidad, lo que da sentido real y profundo a nuestra existencia.

¿Quién no querría ser feliz, sentirse realizado y vivir con plenitud?

La gente confunde espiritualidad y religión, y no siempre van de la mano.

La espiritualidad no interesa, no vende – me dijeron hace tiempo. Lo reflejan las estadísticas.

¡Qué pena! -pensé- porque estoy firmemente convencida de que esa desconexión del espíritu que somos más allá del cuerpo y de la mente, es la causa de tanto estrés, ansiedad, dolor y sufrimiento en el mundo.

Lo he visto en mí y también en muchas personas.

Pero, sí, hay razones que nos impiden reconectar con nuestra parte esencial (esa que -como decía El Principito- es invisible a los ojos) y que nos llevan a buscar la felicidad donde jamás la hallaremos.

¿Qué nos impide vivir la espiritualidad?

Muchos aprendimos que la espiritualidad era dolor, sacrificio, cruz y muerte, renuncia, culpa y pecado. El eco de esas creencias se hunden profundo en nuestras raíces ancestrales.

Nos enseñaron a confesar, a creer en una inocencia infantil manchada de pecado original. Y así a elevar la mirada con el corazón encogido hacia un Padre acusador, severo, implacable, siempre con el dedo a punto para juzgarte por todos tus errores.

Aprendimos a temer a Dios a través de una religión repleta de normas, dogmas y obligaciones que ni siquiera entendíamos. Y de su cumplimiento dependía nuestra condena o salvación eterna.

Esa es la ‘espiritualidad’ de la que muchos se alejaron y siguen haciéndolo, para dejar de someterse a una infeliz tortura y buscar otras respuestas, otros caminos que sus almas anhelan.

¿Qué es la espiritualidad?

Vivir conectados con el espíritu, esa es la verdadera espiritualidad. No solo se practica en un banco de iglesia, mezquita o sinagoga sino también y sobre todo, en el día a día, cuando pasamos a la acción y somos capaces de transmutar la culpa y el dolor, de trascender la separación y el conflicto, y de dar y experimentar lo mejor de nosotros mismos,

Somos espíritu, luz y amor. Todo es lo mismo pues Dios es Amor y somos exactamente lo que Él es. Por mucho que nos empeñemos en permanecer en la sombra y en dar la espalda a la luz, el sol continúa ahí, no fuera sino dentro de nosotros forjando nuestra identidad y nuestra razón de ser.

La espiritualidad no es lo que tu corazón rechaza. Es un río que va contigo, alumbra tu camino y te ayuda a fluir amorosa, alegre, fácilmente hacia orillas insospechadas de vida nueva. Es agua con chispas de luz que despierta la visión de la belleza que somos aún en los furiosos remolinos que a veces debemos atravesar.

Es un río con ansías de mar donde se funden otros ríos y se convierte en UNO.

Y su esencia no está hecha de espinas ni de amor doliente empañado de lágrimas. Su esencia es el Amor que todo lo puede y todo lo Es, capaz de mover montañas y de hacer posible lo imposible con la fuerza de la fe y del perdón.

En busca de la felicidad

Sin embargo, al huir de la culpa y del pecado nos fuimos al otro extremo: al de una libertad malentendida, egoísta, egocéntrica, superficial, que mira hacia afuera atada a la búsqueda de un placer y un gozo inmediato que, en realidad, es pura esclavitud.

Escapismo, consumismo que no tiene fin, postureo inútil, incoherencia, escaparate de ilusiones que aparenta lo que no es.

Creemos que el éxito consiste en acumular posesiones, pertenencias, títulos, puestos, dinero, posición, poder, belleza…pero ese éxito, en realidad, es pérdida, escasez disfrazada de abundancia porque nunca tienes suficiente y siempre quieres más, porque no valoramos lo que tenemos y lo que somos, porque para convertirnos en alguien frente a los ojos del mundo sacrificamos nuestra esencia y nuestra felicidad.

Buscamos fuera lo que nunca encontraremos allí, en el exterior, en los ídolos de barro que siempre terminan cayendo y defraudándonos, pues es adentro, en nuestro interior, donde están las respuestas y lo que más anhelamos conseguir.

El cambio empieza en ti

Culpamos al mundo, nos quejamos por todo, vivimos en una continua insatisfacción e infelicidad esperando que todo cambie, que nuestra suerte sople a favor.

Vivimos en el pasado y en el futuro y nos olvidamos de habitar el presente que se nos escapa entre los dedos.

Con la misma implacabilidad que juzgamos al otro (al vecino, a los políticos, al jefe, a tu país…) nos juzgamos a nosotros mismos.

Lo que no perdonas a otros, no te lo perdonas.

Y es en ti donde nace el perdón que libera, donde empieza el cambio, es en tu interior desde donde puedes  empezar a cambiar las cosas, mejorar, transformar el vacío en ‘llenura’, el dolor en aprendizaje y quizás en un don para ayudar a los demás.

¿Cómo puede ayudarte la espiritualidad a ser feliz?

Es tiempo de mirar dentro de ti y de darte cuenta de cuáles son los mensajes errados que te impiden ser feliz.

Si no eres feliz estás poniendo tu felicidad donde jamás la hallarás.

Como es adentro es afuera. La vida te muestra lo que hay en tu interior.

Si tus creencias, tu manera de percibir la realidad, te daña, cámbiala.

Es tiempo de entrenar tu mirada y tu mente para ver y valorar de otra manera.

La espiritualidad no es eso que te hace infeliz sino aquello que te conecta con la verdad que resuena en los confines del Universo, con la felicidad, la paz, la alegría, el sentido y la plenitud.

La espiritualidad es la parte más elevada de ti, tu Ser, tu esencia de amor, y la respuesta a todas las preguntas.

La espiritualidad une y no separa, te conduce de vuelta al hogar, expande tu corazón y trae milagros a tu vida.

Es inteligencia, una sabiduría que conecta mente y corazón, alma y espíritu.

La espiritualidad es aquello capaz de transformar tu vida y mejorarla para vivir con propósito.

La encontrarás en todo, también en las pequeñas cosas y en los detalles que parecen insignificantes, pero solo aparece ante los ojos y los corazones entrenados para ver más allá de las sombras.

La espiritualidad no impone ni somete ni tampoco señala, no expulsa ni culpa, no se alimenta de pecado, lo transforma todo con sus alas de libertad y con la grandeza de su ejemplo y de su Amor.

El contenido de este artículo es fruto de mi experiencia personal y de reflexiones propias compartidas sin otra intención que la de ser expresadas libremente desde el respeto a otras creencias y opiniones.